La historia viva de La Posta


Sin duda, La Posta de Mesilla es reconocida por sus exquisitas recetas, que han trascendido de generación en generación. Hay algunos que aseguran que, aparte de la deliciosa comida, lo que sostiene la popularidad del restaurante es su historia. Una historia que define muy bien nuestras raíces, nuestra identidad cultural.

“No han cambiado mucho las cosas desde que adquirimos el restaurante de mi tía bisabuela Katy Griggs”, cuenta Jerean Hutchinson quien, junto con su esposo Tom, compró La Posta cuando murió Katy. “El lugar sigue siendo pintoresco, sus paredes están llenas de anécdotas”, admite Jerean. El pensar que esas paredes de adobe fueron observadas por personalidades históricas como Billy The Kid y hasta el mismo Pancho Villa, me produce un cosquilleo que recorre todo mi cuerpo. Hago un viaje imaginario y pienso que tal vez Pancho Villa estuvo en el espacio que ocupo en este preciso momento, bebiendo un trago, pensativo.

Cada vez que tengo la oportunidad de visitar La Posta admiro los detalles que forman parte fundamental de su éxito y popularidad: las aves que están situadas en el patio, y que te dan la bienvenida al entrar, la decoración del lugar, el vestuario de las meseras, la amabilidad con la que te tratan y la delicadeza de cada platillo. Tengo que mencionar que la variedad de tequilas hace que aquellos amantes del sabor mexicano sigan regresando. Todos esos elementos conforman una mezcla perfecta. Pero el encanto de La Posta también se aprecia por el carisma y la energía de aquellos que trabajan allí.

Don Manuel “Rucho” Chávez llegó a La Posta cuando tenía 23 años de edad. Rucho recuerda con nostalgia a su patrona Katy. Ella fue quien le dio la bienvenida a la familia, hace ya 53 años. Su primer trabajo fue lavar platos. “Katy era muy bromista, pero a la vez amorosa con sus empleados...” La vida de Rucho ha transcurrido paralela a la de La Posta. Aunque ahora, a los 76 años de edad, sólo trabaja medio tiempo dandoles de comer a los pajaros, aún disfruta llegar a este, susegundo hogar.

Elisa “Licha” Gallegos recuerda aquel 16 de julio de 1968 cuando empezó a trabajar en este restaurante de cocinera. Al poco tiempo, Katy le dio el puesto de supervisora. Licha no quería aceptarlo, ya que no sabía inglés, pero Katy no le dio otra opción que acceder. Para ayudarla a sentirse más segura le dijo, “si los distribuidores quieren vender, entonces tienen que hablarte en español”. Hoy, se encarga de preparar tacos y flautas. Para ella trabajar en La Posta constituye una variante de su vida cotidiana. Entre risas, comentarios y trabajo la “reina del taco” ha ofrendado 42 años de su vida al emblemático local.

Leo Márquez, por otra parte, tenía 32 años cuando se unió a la gran familia. La oferta fue irresistible: 85 centavos la hora por lavar trastes. Tiempo después de que empezó a trabajar, su mamá, Doña Juanita, a quien todos describen como una mujer simpática y siempre bien arreglada, también se unió al equipo. Doña Juanita se encargaba de las sopapillas y de la repostería. Leo me contó que fue un tanto difícil trabajar con ella al principio, porque era muy celosa. Con una sonrisa juguetona Leo admite “Rucho y yo éramos los chiples de mi Katy.” También me reveló el secreto detrás de tantos años de eficiente entrega: el respeto, la responsabilidad, la amabilidad, la disciplina. Después de 30 años de trabajo, es el manejador de la cocina y vive dichoso un día a la vez.

La historia continúa con Steve Cardón, quien se incorporó hace veinte años. En aquel entonces, Katy le preguntó si hablaba español, a lo que contestó con un rotundo sí. Ya con la marcha todos se dieron cuenta que no conocía el idioma. No obstante, poco a poco, Steve aprendió español. Lo que más le llamó la atención de su trabajo fue que no era un restaurante ordinario, no se sentía como en una corporación más, sino como en familia. A Steve le encanta ver las caras de sus clientes, conocerles, saber qué les gusta comer y prever lo que necesiten. Tratarlos con calidez es muy importante, al igual que para sus compañeros de trabajo. Es por eso que tiene su clientela fija, que pide que él los atienda cada vez que visita el restaurante.

Nunca había conocido el misterio de La Posta. Sabía lo que ofrecía y hasta la historia del lugar, pero ahora, que conozco quienes hacen posible el día a día, me quedo aún maravillada ante su ambiente acogedor, ante su historia viva.



Fall 2010
.
You are here: Home Profiles Community La historia viva de La Posta

Subscribe Today

Send a copy to your friends or family out of town! Receive 4 copies for only $12.95/yr!

Subscribe

Order Past Issues

Looking for a certain recipe, article or photo? We have an inventory of past issues available.

Order Now