Carrera y Recital Rarámuri

El 27 de agosto de 2016 se escribió otra historia en Las Cruces, una muy diferente.

The Tarahumaras, where’s your Tarahumaras?, gritaba la voz desesperada de Mike Lilly, un experimentado corredor de cuarto, medio y maratón completo. Su voz denotaba coraje y emoción al mismo tiempo. Eran casi las 7:55 y la carrera estaba anunciada a las 8:00 de la mañana. Lilly sabía que los Tarahumaras estaban por llegar.

Único en su estilo, el suceso rompió todas las expectativas. Por primera vez en la historia de Las Cruces se organizó un evento dedicado a esta etnia chihuahuense de superatletas, los número uno del mundo en ultra maratones. Los asistentes esperaban con ansias el día de conocerlos en persona y así iniciar dos eventos: la carrera pedestre de doce y cinco kilómetros y un magno concierto con más de diecisiete agrupaciones artísticas, todo apadrinado por la presencia de nuestros hermanos rarámuris, quienes tomarían parte en la carrera y más tarde en el concierto, donde se presentarían canciones en su lengua.

Las emociones estaban a flor de piel. Los rarámuris llegaron en un vehículo todo terreno. Se advertía la euforia de los asistentes cuando sonaron los tambores de cuero, que llamaban a los corredores a tomar sus posiciones de arranque. Matetara’ba, rarámuris, se escuchó la voz infantil de Lee Zahil Bustamante, un niño rarámuri. Su voz resonó con más fuerza para dar inicio a la carrera. Zapatos deportivos de todas clases se mezclaron con pies descalzos que sólo portaban huaraches hechos de llantas usadas. El objetivo común no era ganar, sino disfrutar el placer de correr junto a los héroes mundiales del atletismo de grandes distancias y que, por primera vez, atravesaban las calles de Las Cruces. La gente saludaba efusivamente a los rarámuris, los llenaba de buenos deseos. Era una carrera de alegrías,  la primera ocasión que un evento de esta magnitud sucedía en el vecindario compartido de Las Cruces y Mesilla Town.

La carrera fue un éxito, como se esperaba. Los rarámuris no se cansaban de complacer a quien se los pidiera: saludaban de mano a presentes, se detenían y agradecían con gran sinceridad sus muestras de cariño.

Las horas se fueron volando, y nadie parecía cansarse. Hubo payasos que amenizaron la tarde de todos y repartieron sonrisas por doquier; les siguieron los grupos musicales y grupos de danza folclórica. Y por encima de todo, hubo muchas fotos: nadie quería quedarse sin el recuerdo de posar con los hermanos de pies ágiles.

A mitad del evento, la lluvia amenazó a participantes y espectadores. La gente comenzó a retirarse tras un aguacero que duraría poco más de dos horas; sin embargo, todos miraban con nostalgia a los hermanos de la Sierra Tarahumara, que se despedían de los presentes al son del corrido de Chihuahua.

Una a una, las luces se fueron extinguiendo. Al final del evento, sentados uno junto al otro, se podía observar a organizadores, participantes y familiares, exhaustos, sí, pero con la convicción de que estos son los eventos que todos merecemos: un genuino tributo a nuestras raíces. El agradecimiento quedó flotando en el aire de Las Cruces, y hasta hoy, todos ahí compartimos una sonrisa por haber hecho posible el diálogo entre nuestras comunidades y tradiciones.

Fall 2016

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