Un DREAMer en Libertad

La incertidumbre y el miedo a lo desconocido son, quizás, dos de los sentimientos más desalentadores para un ser humano. Para César Montelongo, la infancia y sus primeros años de vida universitaria estuvieron marcados por el miedo a no saber qué pasaría con su familia, además de la incertidumbre de si su duro trabajo eventualmente daría frutos. Al final fue el trabajo duro, su dedicación y determinación lo que coronó su libertad.

César nació en las afueras de Ciudad Juárez, en la región conocida como Puerto de Anapra. Siendo esta una de las áreas subdesarrolladas de Juárez, en aquel tiempo, los Montelongo carecían de agua corriente y electricidad en su casa. A pesar de su corta edad, César recuerda que tenían que conducir por millas para conseguir agua para beber, cocinar y limpiar. A la edad de seis años, recuerda César, sus padres lo traían con ellos cuando venían a Las Cruces para trabajar en el campo durante la cosecha de nuez, chile y cebolla. Ni el calor abrasador del verano, ni el amargo frío en la temporada de nueces los hicieron desistir de abandonar la labor. Una vez terminado el trabajo, regresaban a Juárez.

Las penosas condiciones de vida en Juárez, aunadas a la ansiedad que había sembrado la violencia de un estado de guerra constante, orillaron a sus padres a mudarse permanentemente a Las Cruces. César cursaba el quinto grado y contaba tan sólo con diez años. Aunque a ellos les emocionaba la posibilidad de una vida mejor, día con día a César le sobrecogía la incertidumbre. Se volvió introvertido, buscaba ser invisible ante el mundo que lo rodeaba y buscaba aislarse de los demás por el miedo a ser expuesto. Su actitud antisocial lo acompaño a través de la secundaria y la preparatoria: “Me sentía atrapado, incapaz de liberarme a mí mismo. Me atemorizaba que descubrieran que era indocumentado, y que debido a eso, mi familia pudiera separarse”, expresó.

Gracias a que siempre estuvo en programas para migrantes (en los que la finalidad no era la excelencia académica, sino el aprendizaje del idioma y la habituación al medio), durante la educación secundaria las calificaciones de César no fueron sobresalientes. En 2007 se graduó de Mayfield High School con un promedio final de 4.0, gracias a las clases avanzadas a nivel universitario que decidió tomar durante sus estudios. Hasta ese momento no tenía intenciones de ingresar a la universidad. Basado en los resultados de su ACT, César tuvo la posibilidad de obtener una beca completa para estudiar en la Universidad Estatal de Nuevo Mexico (NMSU).

Los Montelongo habían radicado en Las Cruces por más de diez años, y a pesar de ello Cesar continuaba sintiéndose inseguro; por ello, la noticia de la beca también lo condujo a amargos momentos. De nuevo, César sintió cómo todo lo que tenía podía escapársele en un parpadeo. Sin embargo, lo que más le atormentaba era que su estatus como inmigrante pudiera prohibirle utilizar su carrera y sus conocimientos para contribuir al desarrollo de la comunidad que se había convertido en su hogar.

César aceptó la beca y en ese momento reafirmó su compromiso para trabajar duro y dar lo mejor de sí. Aún continuaba siendo introvertido y, por las mismas inseguridades, prefirió mantenerse al margen de toda la experiencia universitaria. No obstante, el aspecto académico llenó sus expectativas y César supo que estaba destinado a ser un triunfador.

Mientras el día de su graduación de NMSU se acercaba, un destello de esperanza iluminó su horizonte. Las negociaciones dentro la administración de Obama sobre la acción diferida para jóvenes que entraron al país de manera no autorizada siendo niños (mejor conocida como Iniciativa DREAM), estaba en apogeo. La iniciativa de ley ofrecía renovar el indulto de deportación a inmigrantes menores de 31 años, a aquellos que hubieran entrado a los Estados Unidos antes de los 16 años, comprobaran su residencia en el país por lo menos cinco años continuos, certificaran no haber estado en prisión por delitos graves o ciertos delitos menores, estuvieran estudiando y contaran con el certificado de preparatoria o GED, o hubieran prestado sus servicios como militares. César reunía todos los criterios, y sus ilusiones estaban puestas en la aprobación de la ley. Sabía que, de ocurrir eso, nadie podría interponerse en el camino por continuar sus estudios y su deseo por contribuir productivamente a la sociedad —“esta” sociedad.

En 2011, a sólo un semestre antes de su graduación, la Iniciativa DREAM fue denegada. Con una Licenciatura en Ciencias con enfoque en Biología y Microbiología, una Licenciatura en Artes con enfoque en Español, y dos especialidades en Química y Bioquímica en la mano y sin forma alguna de poder ejercer, César tocó fondo. “La idea de que mi nivel de estudios no tuviera impacto alguno en el trabajo que podía desempeñar fue devastadora. No es que haya algo malo en el trabajo manual, mis padres y yo laboramos en los campos en el pasado y se trataba de un salario ganado honestamente. Pero imaginarme trabajando en el campo todo el día, mientras contaba con un título, era la confirmación de que todo por lo que había luchado había sido inútil”, confesó César.

Antes de que la Iniciativa DREAM fuera rechazada, su plan era solicitar su ingreso a la escuela de medicina. En su lugar, César realizó pequeños trabajos que le otorgaban el salario mínimo para poder contribuir con la economía familiar. Aunque lo académico se había convertido en su forma de identidad, no había manera de costear sus estudios de posgrado. Esa pérdida le ocasionó una profunda depresión que duró un año, hasta que finalmente pudo salir de ella.

“Me di cuenta de que no podía dejarme caer sin antes haber peleado por lo que quería. Aún y cuando no existiera garantía de éxito, no iba a fallar sólo por no haberlo intentado”, exclamó. Aunque no desea que esto le pase a nadie, César asegura que su experiencia le enseñó más sobre sí mismo y lo hizo una mejor persona, mucho más fuerte que antes. Todo esto lo ha llevado a entender que está dispuesto a fallar todas las veces que sean necesarias para conseguir el éxito. El tiempo lo ha vuelto tenaz, flexible, y lo más importante: más sociable.

En el 2012, César se matriculó de nuevo en NMSU, y este año obtuvo el título de Maestro en Biología con especialidad en Biología Molecular. Su investigación se enfocó en el caracol Biomphalaria glabrata. Esta especie sirve como anfitrión para la esquistosomiasis, una enfermedad propia del ser humano que afecta a más de 240 millones de personas, con más de 700 millones en riesgo de infección alrededor del mundo. César participó, junto con otros investigadores, en esfuerzos realizados mundialmente para describir y documentar el genoma Biomphalaria glabrata.

Durante sus estudios de posgrado en NMSU, César se unió a la organización estudiantil PACE (Planeación y Conocimiento para entrar en la Universidad), donde formó un grupo de apoyo para indocumentados y estudiantes DACA (Acción Diferida para los Llegados durante su Infancia). Pronto fue electo presidente de PACE. Como resultado de su trabajo con los estudiantes DACA, fue invitado a formar parte del Comité para los Derechos de los Inmigrantes, dirigido por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) en el sur de Nuevo México. Entonces, entre 2014 y 2015, César fungió como presidente del Consejo Hispano en NMSU, y se involucró con la Fuerza Hispana (Hispanic Task Force), una organización que es parte del Consejo, y está involucrada con el estado y los asuntos legislativos del campus. Visitó además el Capitolio del Estado como parte de los esfuerzos estudiantiles para abogar por la Lottery Scholarship, y habló por sí mismo al Consejo Directivo acerca de las propuestas para modificar las políticas de financiamiento de la Universidad. Por último, César ha contribuido un sinnúmero de horas de servicio en un albergue para mujeres maltratadas.

Su más reciente logro es su aceptación a la escuela de medicina Stritch (Universidad de Loyola) en el programa de MD/PhD, con el apoyo total para cubrir su matrícula y los gastos académicos, así como un estipendio mensual para su subsistencia. Miles de personas han aplicado para entrar a la escuela de medicina Stritch, y César es uno de sólo dos seleccionados para obtener esta beca. La meta de César es regresar un día a la frontera de los Estados Unidos con México y abrir una clínica médica, que integre la investigación genética y el tratamiento médico para ayudar al sector más vulnerable de nuestra comunidad.

“Las metas no se alcanzan en un día: son el resultado del esfuerzo y las decisiones del día a día. Incluso cuando parezca imposible, lo poco que puedas aportar a cada momento es importante, pues la suma de todos aquellos esfuerzos puede hacer la gran diferencia”, declaró César.

Summer 2015
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