La Pascua: ¿época de reflexión o válvula de escape?

Por Gustavo Macedo Perez

Se acerca el momento en que da inicio la cuaresma, lo que debería ser un importante periodo de reflexión espiritual. Cuarenta y seis días en que los cristianos –y cualquier persona que desee reconfortar su alma– recuerdan los sacrificios hechos para la salvación de nuestros pecados. Una época de introspección que rememora los días que Jesús ayunó en el desierto y que finalizan con la fiesta más importante del cristianismo: la Pascua.

Las tiendas, la televisión y las decoraciones en las casas se encargarán de recordarnos los huevos de colores y los conejos de chocolate. Pero dejémoslos de lado por unos momentos. Originalmente, la celebración pascual celebra el triunfo de Jesús sobre la muerte y su ascenso al Reino de los Cielos. Para la Iglesia Católica, la Pascua es la fiesta de fiestas, más importante incluso que la Navidad (que conmemora el nacimiento de Cristo), ya que representa que Dios ha cumplido sus promesas. La Pascua indica el fin de la cuaresma y es un tiempo de ayuno y sacrificios en que nos acercamos a Dios para entender el sufrimiento que padeció al venir a la tierra y dar su vida por nuestros pecados.

El conejo de Pascua es la figura que protagoniza esta festividad hoy en día, pero, ¿sabemos de dónde viene? Los germanos antiguos consideraban al conejo un símbolo de fertilidad, cuyas festividades se celebraban en abril. Se comenzó entonces a difundir la historia de una mujer muy pobre que no podía regalar dulces a sus hijos durante estas festividades y que escondió para ellos huevos decorados en el jardín. Al encontrar los huevos, los niños vieron un conejo pasar y creyeron que había sido la criatura quien había dejado las sorpresas. A partir de ese día, los niños construyeron un nido que se llenaba de huevos por la noche para esperar al conejo de Pascua.

Al difundirse el cristianismo, la leyenda de los huevos de Pascua se modificó para contar que en el sepulcro de Cristo habitaba un conejo asustadizo que observaba cómo las personas derramaban sus lágrimas por la muerte del Mesías. El conejo pasó todo un día y toda una noche observándolo hasta que, para su asombro, Jesús se incorporó y retiró el manto que lo cubría. Descendió entonces un ángel para quitar la piedra que tapaba la entrada para que Jesús saliera y diera fe de su resurrección. El conejo comprendió que debía compartir el mensaje para acabar con el sufrimiento de los dolientes pero, como no podía hablar, se le ocurrió llevar un huevo pintado para difundir las buenas nuevas. A partir de entonces, el domingo de Pascua el conejo aparece para repartir más huevos de colores, celebrando la alegría por Cristo que venció la muerte. Siguiendo esta tradición, año con año el presidente encabeza la Easter hunt (la caza de Pascua), una nueva práctica en que los niños salen a buscar huevos de plástico rellenos de dulces.

Pero los cambios siguen y recientemente el conejo de Pascua comenzó a sustituirse por el spring bunny (conejo de primavera), simbolizando el inicio de la estación y quitando toda presencia de la fiesta pascual. No perdamos de vista que el vínculo que existe entre el conejo de Pascua y la conmemoración de la resurrección de Cristo representaba una forma amigable de acercar a los pequeños al origen de la fiesta de fiestas. 

Es cada vez más notorio cómo con el pasar de los años nos vamos alejando de la verdadera importancia de las fiestas pascuales. Ahora convertidos en vacaciones de spring break, estos días son esperados con ansia por miles de jóvenes de todo el país para entregarse día y noche a excesos. Este periodo vacacional otorga a los jóvenes estadounidenses una oportunidad para tomar un respiro de la escuela y dejar de lado toda preocupación. Son estas actitudes las que han producido el auge de los festivales de spring break alrededor del mundo, ofreciendo clubes nocturnos, conciertos, fiestas en las playas y muchas otras cosas por hacer. Es común escuchar a los spring breakers discutir animadamente sobre el mejor destino para vacaciones, dónde encontrar las fiestas más alocadas y las playas más divertidas… pero poco o nada se escucha de la Pascua y su significado. En promedio, cada spring breaker gasta de $1,400 a $1,500 dólares en un fin de semana, prefiriendo hoteles todo-incluido que ofrecen barras de alcohol y atracciones.

No hay nada de malo en divertirse y distraerse. Lo preocupante es la facilidad con que hemos permitido que un feriado religioso tome matices no sólo ajenos sino totalmente contrarios a sus creencias originales, rompiendo con la unidad que debería existir durante estos días. Es fundamental hacer partícipes a todos los miembros de nuestra familia de la importancia de la Semana Santa, para así poder meditar juntos sobre el sacrificio que Dios hizo por nosotros. Esto no quiere decir que debamos suprimir nuestras actividades o negarnos la posibilidad de divertirnos: se trata de volvernos conscientes y responsables sobre los orígenes de una gran fiesta, donde todos compartimos la alegría de tener a Dios en nuestros corazones.

Winter 2017

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