Chignahuapan y la magia navideña artesanal

¿Recuerdas la película El extraño mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas)? En ella, el director Tim Burton nos revela la existencia de ciudades festivas: mundos dedicados especialmente a las celebraciones que tenemos cada año y cuyos habitantes se dedican a la preparación de todo lo necesario para Halloween, Navidad, Pascua y demás. Pues resulta que en el norte del estado mexicano de Puebla realmente existe un lugar que podría ser la Ciudad de la Navidad: se trata de Chignahuapan, un hermoso poblado donde a lo largo del año se preparan los adornos que visten los festejos navideños de todo el mundo. 

La población de Chignahuapan registra casi veinte mil habitantes, y en ella, se encuentran todos los encantos que uno esperaría disfrutar en un sitio pintoresco de México: iglesias coloniales con amplios atrios que congregan a los feligreses, una plaza donde los fines de semana se toca música y el único kiosko del país fabricado con madera, todo rodeado de bellísimos parajes naturales. Pero entre sus calles empedradas llenas de árboles y detrás de lo que pareciera la vida cotidiana de cualquier otro pueblo se esconde la magia navideña.

Cada año, las manos de más de cuatro mil artesanos chignahuapenses elaboran millones (literalmente) de esferas que decoran árboles navideños de todo el mundo. Las piezas se venden en las más de 500 tiendas que hay en el pueblo y, además, se envían a cientos de puntos en México, Estados Unidos, Asia y Europa.

“Pinto esferas desde que tenía ocho años”, comenta Ricardo Gómez, que a sus 13 años ayuda en el taller de su familia todas las tardes después de la escuela. “Mi mamá me enseñó a pintarlas, a ella le enseñó Papá Lucho, mi abuelo”. En el taller de Papá Lucho trabajan 14 personas, todas ellas miembros de la familia. Aunque muchos de los artesanos de Chignahuapan realizan actividades económicas adicionales para complementar sus ingresos, quienes trabajan con Papá Lucho se dedican exclusivamente a la elaboración de esferas: “Apenas nos damos abasto”, dice Licha, mamá de Ricardo, “y en temporada alta hasta los domingos estamos a pinte y pinte”.

Las esferas que son creadas en Chignahuapan no son esferas comunes y corrientes. Su elaboración conlleva un meticuloso proceso realizado estrictamente a mano de principio a fin. La magia navideña comienza en el aliento de los globeadores, quienes soplan el vidrio líquido para formar las esferas, campanas, bellotas y demás figuras que los adornos adoptan. Pero el hecho de que las esferas sean de vidrio soplado no es lo único que diferencia estas hermosas artesanías del resto de los adornos que encontramos en los aparadores, sino que cada una de las piezas es pintada a mano por un chignahuapense. Sus variedades y estilos son muchos y hay para todos los gustos: desde las que llevan trazos sencillos con pintura vinílica, hasta pequeñas obras maestras minuciosamente detalladas con óleos. 

Cada año se producen en la localidad más de 70 millones de esferas, las cuales significan el trabajo y sustento de las familias de alrededor de cuatro mil trabajadores. La elaboración artesanal de adornos navideños es una de las principales actividades económicas del municipio, junto a la agricultura, la ganadería y la avicultura.

Como toda actividad artesanal, la economía de los ornamentos navideños de Chignahuapan no está libre de amenazas. Durante los últimos años, los supermercados y tiendas en México y el mundo se han visto invadidos por esferas fabricadas en masa en China. “A veces la gente sólo se fija en el precio y ni saben lo que están comprando”, comenta Licha. Sin embargo, solo hace falta una rápida inspección para dejar en claro que la calidad y la belleza de una esfera trabajada totalmente a mano son por mucho superiores a las elaboradas industrialmente. “La bendición de la Navidad está en nuestras manos, ¿cómo van a tener espíritu las esferas fabricadas por máquinas”, dice Papá Lucho.

Chignahuapan ha sido reconocido oficialmente como Pueblo Mágico desde 2012, pero en esto las esferas tienen poco que ver, ya que, a pesar de lo que podría pensarse a primera vista, las artesanías navideñas del lugar no son una tradición ancestral, sino una práctica económica adoptada hace apenas cincuenta años. Fue en 1968 cuando el jalisciense Rafael Méndez comenzó el primer taller de esferas navideñas en Chignahuapan, compartiendo con los lugareños las técnicas para realizar el trabajo. Fue así como inició el cuento navideño chignahuapense, que se sigue escribiendo hasta el día de hoy. 

Si bien la magia navideña de las esferas chignahuapenses llega a todo el mundo, vale la pena ir al lugar donde ésta nace. Además de los talleres artesanales y actividades dedicadas a las esferas, como la Feria Nacional del Árbol y la Esfera de Navidad; los atractivos del pueblo son muchísimos, comenzando por su ya mencionada pintoresca arquitectura y continuando con sus sitios históricos y ricas tradiciones. Además, sus aguas termales son famosas, en ellas se sumergen visitantes de todo el mundo por gusto o siguiendo algún tratamiento de salud.

La Navidad está llena de magia. Pero debemos tener en cuenta que, donde hay magia, siempre están detrás las manos de una persona inspirada y dispuesta a compartir parte de su esencia, tal y como lo hacen los artesanos de Chignahuapan a través del talento, creatividad y cariño que plasman en cada una de sus piezas.

Fall 2016

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