Hombre en llamas

Era una tarde de domingo, cuando dos hombres caminaban por un solitario sendero que los llevaba a su destino. Perdidos en una apesadumbrada conversación, apenas y notaron a un extraño que caminaba cerca.

“¿Qué es lo que discuten con tanta intensidad?”, preguntó el extraño.

Sorprendidos por la pregunta, los hombres exclamaron, “¡Usted debe ser la única persona en Jerusalén que no ha escuchado lo que sucedió!”. Procedieron a explicarle su tristeza por la muerte de Jesús de Nazaret y su esperanza de que Él fuera el tan esperado mesías.

Al seguir caminando juntos, el extraño los animó explicándoles todas las escrituras que predecían la muerte y resurrección del mesías. Los corazones de los dos hombres se conmovieron. Mientras el día continuaba y la tarde cayó, arribaron a su destino e invitaron a su nuevo acompañante a comer con ellos.

Minutos más tarde los tres hombres estaban reclinados sobre su comida. Fue entonces cuando sucedió.

Cuando el extraño bendijo el pan reconocieron que era su Salvador resucitado. En ese momento Él desapareció.

Viéndose el uno al otro con asombro, los dos hombres exclamaron, “¿Acaso nuestros corazones no ardían dentro de nosotros mientras Él hablaba en el camino y explicaba las escrituras?”. Incapaces de contener su entusiasmo, los dos hombres corrieron de regreso a Jerusalén y le dijeron a sus amigos lo que habían presenciado.

Esta historia bíblica es mejor conocida como “El camino de Emaús”1. ¿Alguna vez usted ha tenido un momento en que se le encienda el corazón de este modo, donde la convicción por la Palabra de Dios se sentía como un fuego dentro de usted y que fue incapaz de mantener sólo para usted?

Como hombres cristianos en el mundo de hoy es fácil sentirse como los dos hombres de Emaús se sentían al principio de su viaje: apesadumbrados y desilusionados. Vivimos en tiempos en que los programas de televisión muestran a los hombres como tontos siendo engañados por niños mientras que mujeres abnegadas los ayudan a funcionar en sociedad.

La Biblia manda a los hombres a dejar tal estilo de vida. Dice: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, esforzaos”2. En muchas partes la escritura hace énfasis en la necesidad de los hombres por ser fuertes en su fe.

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño”3.

Los hombres no somos más niños pequeños. Nada se interpone entre nosotros y el actuar como hombres sino nosotros mismos. El apóstol Pablo alentó a los hombres de sus tiempos a actuar con valor y fuerza en obediencia con el Señor y con confianza en su poder. Mientras seamos obedientes con el Señor luego de convertirnos en creyentes, Él nos dará el poder y la fuerza para movernos por la vida con el valor y la confianza para convertirnos en “hombres en llamas”.

Debemos tomar una decisión. Convertirse en hombre no es algo que simplemente sucede. Pablo menciona, “mas cuando ya fui hombre hecho”, lo que significa que tomó la decisión de dejar sus modos infantiles4.

Dios aún puede valerse de usted

La lucha más común con el hombre es el fracaso. Nuestras vidas están basadas en desempeño. Somos medidos por nuestra productividad en el trabajo, por nuestro éxito financiero y por muchos otros logros. Esto es lo que hace a la vida cristiana tan difícil de conciliar. Muy seguido sentimos que el amor de Dios depende de nuestro historial. Los errores del pasado y el fracaso continuo pueden hacernos sentir que no hay razón para seguir intentándolo porque Dios ya debió haberse dado por vencido con nosotros. Esta manera de pensar nos aleja de crecer en nuestra relación con Dios y de alcanzar nuestro máximo potencial.

Dios no sólo es el Dios de las segundas oportunidades, sino que también es el Dios de la otra oportunidad. Estas son grandes noticias, ya que seguido nos encontramos en necesidad de más oportunidades. Todo cambia cuando nuestra imagen de un Dios castigador es cambiada por una de un Padre amoroso. Dios es increíblemente paciente. El salmista exclamó:

“Mas tú, Señor, eres Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad”5.

La Biblia está llena de personajes que recibieron el perdón de Dios a pesar de sus múltiples fracasos. Si usted ha fallado, no deje que eso lo someta. Arrepiéntase y regrese a la buena obra que el Señor le ha encomendado.

Lea su manual de instrucciones

En un mundo siempre cambiante, constantemente debemos aprender nuevas cosas para poder funcionar. Recibimos guía y entrenamiento de muchos modos, desde talleres hasta simples búsquedas en Google.

Como hombres cristianos, es absolutamente necesario que tomemos el mismo enfoque en nuestra espiritualidad. Necesitamos leer y estudiar la Biblia, ya que es el manual de instrucciones de Dios para llevar vidas cristianas. La Biblia fue literalmente “inspirada por Dios”6. Hay tantas preguntas que los filósofos se han hecho y que Dios responde en las escrituras: ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿De dónde venimos? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Cómo llego al cielo? ¿Por qué el mundo está lleno de maldad? ¿Por qué lucho por hacer el bien?

Además de estas grandes preguntas, la Biblia brinda consejos prácticos en áreas tales como: ¿Qué es lo que busco en una pareja? ¿Cómo puedo tener un matrimonio exitoso? ¿Cómo puedo ser un buen amigo? ¿Cómo puedo ser un buen padre? ¿Qué es el éxito y cómo lo alcanzo? ¿Cómo puedo cambiar? ¿Qué es lo que realmente importa en la vida? ¿Cómo puedo vivir de modo que nunca vea hacia atrás con arrepentimiento? ¿Cómo puedo lidiar victoriosamente con las circunstancias injustas y los malos momentos de la vida?

Deberíamos leer y estudiar la Biblia porque es totalmente confiable y libre de errores. La Biblia es única entre los así llamados libros “sagrados”, ya que no sólo brinda enseñanzas morales sosteniendo, “Confía en mí”. En vez de eso, tenemos la habilidad de probarla revisando las cientos de profecías detalladas que hace, revisando los hechos históricos que registra y revisando los datos científicos con los que se relaciona.

Deberíamos leer y estudiar la Biblia porque Dios no cambia y porque la naturaleza de la humanidad no cambia; es tan relevante para nosotros como lo era cuando fue escrita. Al leer las páginas de la historia bíblica, usted descubrirá que “nada hay nuevo debajo del sol”7. El mundo y su tecnología podrán haber cambiado, pero los deseos pecaminosos del hombre siguen siendo los mismos. Mientras que la humanidad como un todo continúe buscando amor y satisfacción en los lugares equivocados, Dios –nuestro buen y clemente Creador– nos dice qué nos brindará dicha duradera8 a través del consuelo encontrado en las escrituras.

Recuerde para qué es todo esto

Hebreos 11 es a veces llamado “el salón de la fe”. Describe la fe de muchos hombres piadosos a pesar de enfrentar circunstancias difíciles. ¿Cómo fue que hombres como Moisés o Abraham pudieron seguir llevando vidas piadosas? En una sola palabra: esperanza. Recordaron que sus luchas eran temporales y ansiaban la recompensa celestial que sería eterna.

En toda lucha que usted enfrente, adopte la misma perspectiva. A lo largo de nuestras vidas habrá momentos en que Dios nos llevará hasta la cima, donde nos sentiremos invencibles. Pero la mayor parte de nuestras vidas sucede en el valle del día a día, donde los conflictos pueden desgastarnos. ¡No se rinda! Recuerde dónde reside su esperanza. ¡Mantenga sus ojos en el premio y compártalo con otros!

Las escrituras nos dicen: Esté siempre preparado para dar respuesta a todo aquel que le pregunte la razón de la esperanza que usted tiene.

Controle sus pensamientos

Como exatleta, he aprendido rápidamente que todas las horas de entrenamiento y acondicionamiento no lo hacen a uno ganador a menos que pueda controlar su mente. En el campo de juego vi a compañeros laboriosos desbaratarse debido a su falta de disciplina mental.

Esto es lo mismo para cualquier hombre confrontando la lucha espiritual. Si no controlamos nuestros pensamientos no controlaremos nuestras acciones. Las escrituras nos dicen que la batalla comienza en la mente. Debemos estar en constante guardia con esto:

“Sino que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído, y seducido. Y la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, engendra muerte”9. “…  trayendo cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo”10.

No sea curioso

Esto no es lo mismo que decir que nunca sea curioso, sino que sea cuidadoso con lo que le causa curiosidad. Muchos hombres justifican su curiosidad diciendo, “Puedo mirar, sólo no puedo tocar”. Sin embargo, ¿cuántas veces somos llevados al pecado debido a esta actitud? 

Cada vez que encendemos una computadora, cambiamos de canal o estamos tentados a ver a una mujer de manera libidinosa en público, debemos superar esa curiosidad. Ser tentado no es un pecado, pero ceder a la tentación sí lo es. La siguiente vez que se encuentre tentado por la curiosidad, recuerda estas palabras de la escritura:

“No uséis la libertad como ocasión para la carne”11.

Ore

No importa qué tan exitoso o influyente sea un hombre, no puede hacer la labor de Dios sin oración. Los hombres que representan a Dios en sus familias o en posiciones de liderazgo deben orar con frecuencia.

La oración es el modo en que comunicamos a Dios nuestros agradecimientos, deseos y necesidades. Dios no se forzará sobre nosotros. Cuando oramos estamos invitando a Dios a que nos guíe. “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría” dice el evangelio de Santiago, “pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche”12.

El difunto cristiano John Bunyan decía, “La oración hará que un hombre deje de pecar o el pecado hará que un hombre deje de orar”. Ore seguido, ya que la oración es un escudo para el alma, un sacrificio para Dios y un tormento para Satanás.

Ser un hombre cristiano en el mundo actual requiere de constante acondicionamiento. El apóstol Pablo describe la vida cristiana como correr una carrera. Requiere disciplina y entrenamiento.

“¿No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen. Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene; y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible; pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que sujeto mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo venga a ser reprobado”13.

San Pablo está describiendo la intensidad de ser un hombre de Dios. En esta vida no hay una línea de meta. Le tomará todo el esfuerzo de su cuerpo, espíritu, alma y mente todos y cada día para continuar en el llamado de Dios. En sus momentos de debilidad, recuerde que usted no está solo. Las escrituras nos aseguran que nuestras tentaciones y pruebas son comunes para todos los hombres.

Esto es verdad incluso para el primer hombre, Adán. Él fue llamado a cuidar y proteger el Jardín del Edén, y aún así cayó en tentación. Al final de nuestras vidas y en el fin del mundo los hombres serán separados en dos grupos:

Los hombres en llamas (Lucas 24:32)

Los hombres destinados al lago que arde con fuego (Apocalipsis 21:8)

Por lo tanto, viva de modo en que pueda estar seguro que sus últimas palabras serán las mismas que las del apóstol Pablo:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”14.


1 Lucas 24: 13 -35
2 1 Corintios 16:13
3 1 Corintios 13:11
4 Fragmento de Mobley, M. (2013, mayo 15). Men: Act Like Men | Before The Cross. Consultado el 7 de marzo de 2015 en http://www.beforethecross.com/biblical-teachings/men-act-like-men/.
5 Salmos 86:15
6 2 Timoteo 3:16
7 Eclesiastés 1:9
8 Why should we read the Bible / study the Bible? (s.a.). Consultado el 2 de marzo de 2015 en http://www.gotquestions.org/why-read-Bible.html.
9 Santiago 1: 14-15
10 2 Corintios 10:5
11 Gálatas 5:13
12 Santiago 1:5
13 1 Corintios 9:24-27
14 2 Corintios 4:7-8

Spring 2015
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