La Sanación de Familias

Nos es dada sólo una oportunidad de vida.

Las Escrituras nos dicen “... está establecido a los hombres que mueran una vez”1.

Esto es por lo que Dios toma nuestras vidas muy seriamente.

Con Dios no existe tal cosa como el destino, la suerte o las coincidencias. Las cosas que le suceden a nuestras familias (tanto buenas como malas) tienen razones. Cuando algo bueno te sucede podrías pensar que es suerte, luego cuando algo malo te sucede quizá podrías creer en la expresión “a la gente buena le pueden suceder cosas malas”.

Pero qué tal si te dijera que lo que tú consideras “suerte” es en realidad una bendición, y que lo que atribuyes al “destino” es en realidad una no-bendición. Estas al parecer misteriosas palabras perderán su misterio cuando termines de leer este artículo.

Comencemos por señalar una verdad obvia. Tu familia está rodeada de problemas. Esto aplica para cualquier familia normal. Y ya que tú eres un creyente en Dios, muy seguramente le has rezado a Él acerca de muchos de estos problemas. Quizá has tenido la dicha de haber recibido respuesta para las oraciones de algunos problemas y consuelo para otras… pero hay ciertos problemas familiares que parecen no irse. Sólo giran en círculos y siguen plagando a la familia.

Tu imagen de Dios podría verse seriamente sacudida porque no comprendes por qué Él no parece traer soluciones a ciertos asuntos. Tu voz se siente como un clamor en el desierto. Si este es tu tipo de situación, este artículo es para ti. Es importante entender primero cómo es que recibimos una “bendición” o una “no-bendición”. Las Escrituras nos dicen que nuestras familias heredan tanto bendiciones como no-bendiciones.

“Porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”2.

En la Escritura anterior nos damos cuenta de que Dios tiene un sistema hereditario para otorgar bendiciones y no-bendiciones. ¿Por qué habría Él de hacer un sistema hereditario? Cuando Nuestro Señor nos creó, el pecado no era parte del plan. Él nos diseñó de manera que todas las cosas buenas de que dotó naturalmente a nuestros primeros padres pasaran naturalmente a sus hijos por el mero hecho de haber nacido de ellos, una transmisión automática natural.

Es así como cada una de nuestras familias ha llegado a donde está hoy, heredando bendiciones por un lado y no-bendiciones por el otro. Lo que Dios originalmente diseñó como un regalo para nosotros se convirtió en un canal de problemas no deseados siguiendo la línea generacional hacia abajo.

Dios quiere que nuestras familias practiquen buenos hábitos espirituales y que pasemos esos hábitos a nuestros hijos para que podamos pasar bendiciones de generación en generación. Sin embargo, Satanás vino e introdujo el pecado en el sistema hereditario de Dios. Satanás está utilizando el mismo sistema para infectar a nuestras familias con comportamientos pecaminosos para que suframos las consecuencias en forma de no-bendiciones.

Las Escrituras nos aseguran que Dios no ha cambiado su sistema hereditario, incluso luego de que Satanás lo infiltró. Él lo dejó justo como Él lo hizo porque es lo mejor que tiene para bendecirnos. Sin embargo, después de las andanzas de Satanás, Nuestro Señor actualizó el sistema añadiendo: 1) el conocimiento de lo que ha sucedido desde que Satanás apareció, y 2) enviando a nuestro Salvador en Jesucristo.

Estos nos permite continuar usando el sistema hereditario para bendecir a nuestra familia una vez que hemos sido enseñados a utilizarlo del modo en que fue originalmente previsto (el conocimiento) y al mismo tiempo aplicando el poder de redención de Su Hijo Jesús el Salvador (su muerte y resurrección). La razón por la que tú y tu familia continúan teniendo ciertos problemas es porque no sabías a ciencia cierta sobre este sistema hereditario, incluso si sabías acerca de la salvación a través de Jesucristo.

El problema de que los humanos no tengan suficiente conocimiento sobre las cosas de Dios siempre ha estado presente. Desde tiempos ancestrales hasta nuestros días presentes, las Escrituras en Oseas siguen resonando con razón cuando el mismo Dios exclamó: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”3.

Hoy es tu oportunidad para tener ese conocimiento. Estamos hablando acerca de liberarse de las cosas negativas que persistentemente han estado presentes en la historia de tu familia de generación en generación, a veces saltándose una generación, pero sencillamente sin desaparecer.

Un ejemplo prominente puede ser encontrado en la historia médica de nuestra familia, cuando el médico pregunta si cierta enfermedad es conocida por haber ocurrido en tu familia inmediata o extendida. Estamos tan acostumbrados a escuchar preguntas médicas como esta que no pensamos más allá en ellas. Pero, ¿por qué deberíamos simplemente aceptar el historial de enfermedades de la familia como algo que se pasará a generaciones futuras? Dios no nos creó para heredar enfermedades.

En mi búsqueda de las Escrituras, dos cosas me han quedado muy claras: 1) las enfermedades hereditarias no provienen de Dios y 2) algo salió mal y causó que heredáramos enfermedades. Estos dos puntos pueden resumirse en un nombre: Satanás.

Satanás es el autor de toda la negatividad donde quiera que sea hallada en la faz de la tierra, grande o pequeña, directa o indirectamente. Espero que tú lector tengas eso en claro. No existe tal cosa como la negatividad neutral. Si es negativo entonces sólo puede venir de un lugar: Satanás.

En el mundo actual describimos a Satanás bajo todo tipo de nombres científicos y términos paganos, tales como “karma” o “feng shui”. Debemos saber exactamente sobre quién estamos hablando. Un padecimiento humano, por tener una etiqueta especializada no significa que no pueda ser obra de Satanás. Si él no es la causa directa es la causa indirecta, ya que todo el mal, pecado y muerte provienen de él. El Señor lo llama “padre de la mentira”4. También nos dice que Satanás viene a nuestras vidas “para hurtar y matar y destruir”5. Esto significa que donde sea que encuentres incluso la mínima señal de cualquiera de estas tres cosas, ten muy en claro quién está alrededor. 


Esto no es para asustarnos. Es para que sepamos exactamente qué está sucediendo, para que podamos aplicar el poder de nuestro Salvador, el cual nos es dado con el mero propósito de combatir al enemigo. No saber esto es lo que causa que el pueblo de Dios perezca. “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”6.

Si no reconocemos la obra de Satanás, no podemos combatirlo. Cuando observamos a nuestras familias y vemos todas las cosas que nos restan fuerza, energía, poder, personalidades, talento y recursos; eso mata nuestro optimismo, sonrisas, gozo de vivir, e incluso a nuestras mismísimas personas; o cuando vemos todo tipo de destrucción sucediendo a nuestras familias, no debemos tener la más mínima duda acerca de con quién estamos lidiando o quizá de quién está lidiando con nosotros. Enfermedades constantes, paciencia por los cielos requerida en relaciones familiares, adicciones, problemas de personalidad, divorcios, homosexualidad, suicidio, puertas constantemente cerrándose ante ti o ante tu familia, especialmente cuando distingues patrones que le suceden una y otra vez a tu familia, ahí lo tienes. Estas cosas tienen una causa personal, en forma de una persona, el Maligno. Extrañamente, este sufrimiento podría continuar sin alivio incluso si le haz rezado a Dios sobre ello.

¿Qué está sucediendo? ¿Cómo es que Satanás obtiene todo este poder para causar estragos en nuestras vidas como si Dios no estuviera ahí y como si no estuviéramos siquiera orando? ¿Está Dios Todopoderoso realmente ahí? ¿Realmente me ama? De ser así, ¿dónde está? ¿Por qué no está alejando a mi familia de este cautiverio?

Entérate: si Satanás puede causar todos estos estragos es porque le ha sido otorgado el poder. No por Dios, sino por ¡nosotros! Satanás ha utilizado nuestro libre albedrío (el único lugar de nuestras vidas en el que Dios no se incumbe) para convencernos de entregárselo ¡y lo hicimos! Satanás puede estar justo en la puerta de las vidas de nuestras familias, vuelve tu vista a Dios y dile: Mire, su majestad no invitada, me han llamado a mí y no a usted. Dios no intervendrá; Él sólo esperara a que tú cambies tu parecer.

Fácilmente puedes decir “No, ¡yo no! Yo nunca invité a Satanás a mi vida. Lo odio con todo el odio que puedo reunir y, además, siempre he sido cristiano, amo mi fe y la practico”.

Quizá tú no, pero tu herencia sí. ¿Recuerdas el sistema, diseñado para tu bien? Podrías pensar: “No, mis padres eran buenas personas también”. La respuesta es: sí, tal vez no ellos, sino aquellos de quienes ellos lo heredaron. ¿Ves el punto? Puede ir tan lejos en el pasado como sea posible. No todas las familias sufren opresión espiritual con la misma intensidad, pero siempre hay algo de ello en cualquier familia que siempre está luchando si sus ojos se abren lo suficiente y están consientes como lo estarás tú luego de leer esto.

Cuando entendemos que Dios diseñó el sistema hereditario con la intención de bendecirnos y que el secuestro de este sistema por Satanás para causar no-bendiciones, podemos dejar de decir cosas como: “Oh, no me importa, ese fue un problema que mis abuelos tuvieron (o cualquier otra persona con la que estoy emparentada), así que no es mi problema”. Tu familia ha venido de algún lugar o de alguna persona antes de ellos. Tú eres parte de eso también; tú eres ellos y ellos son tú.

Satanás fue indirectamente invitado a tu familia a través de acuerdos con cosas impías. Estos acuerdos pueden ir desde un trauma familiar, escuchar o ver programas de radio y televisión inapropiados, jugar con la ouija o leer tu horóscopo. Todas estas acciones dan a Satanás permiso indirecto para entrar en tu vida y en las vidas de tu familia.

Sólo puede haber una solución: ¡cancela los acuerdos! Podrías decir, “¿Cómo? Yo no hice ningún acuerdo con Satanás, ni siquiera sé qué acuerdos fueron hechos y por cuál miembro de mi familia, así que ¿cómo puedo cancelarlos?”.

Podríamos no saber jamás exactamente cuál fue el acuerdo, pero podemos conocer y ver sus consecuencias. El sistema no terminará contigo. Así como tú heredaste bendiciones y no-bendiciones, igualmente tú pasarás estas bendiciones y no-bendiciones a tus descendientes. Cuando esos acuerdos fueron originalmente pactados, tus ancestros no pidieron tu permiso. Podrías ni siquiera haber nacido entonces. La herencia es algo espiritual que no está ligado al tiempo o al espacio. Simplemente sucede.

En cualquier momento, aquellos que llevan la estafeta de la familia son los que están ahí. Sus decisiones hacia Satanás o hacia Dios serán las heredadas después de ellos. Hoy tú puedes tomar una decisión por tu familia. Estás envestido con todo el poder de aquellos que estuvieron antes que tú en tu familia: simple herencia. Con tu poder de libre albedrío tú puedes cancelar acuerdos del pasado con Satanás y pactar nuevos con Dios para el futuro. Es justo del mismo modo en que el Presidente de los Estados Unidos puede deshacer lo que un Presidente anterior haya hecho: es él quien está aquí hoy. No existe mejor modo de limpiar el legado para tu familia: ¡sólo orando!

¿Puedes imaginar cuan bueno y clemente es Dios? Todo lo que Él necesita es a alguien de tu familia que sensatamente tome la libertad que Él nos dio y la voltee hacia su favor. ¡Entonces Él se encenderá para nosotros! En ese momento Satanás no tendrá más facultades que pueda usar para bloquear a Dios. Todo esto puede suceder porque Jesucristo nos liberó del cautiverio6. Tú puedes cancelar esos pactos con el Maligno y tomar el poder salvador y limpiador de Jesús. Mientras borras tanto el pasado como el futuro, obtienes sanación para el presente, porque habrás retomado tu libertad y el poder del enemigo a través de renunciar a él libre y conscientemente. Verás entonces que las compuertas de los poderes celestiales de Dios se abren para inundar tu vida y la de tu familia, 

¿No debería cada miembro de la familia estar cerca para orar por esto, o al menos para estar de acuerdo? No. ¿Estabas tú cuando tu familia tomó decisiones equivocadas por las cuales todos pagan más tarde? Entre más miembros de tu familia consigas que recen esta oración será mejor, desde luego, pero no es una condición. Es sorprendente cómo Dios puede tomar incluso lo mínimo que podemos ofrecer para hacer grandes cosas por nosotros. Él sólo necesita que una persona lo haga bien y verás lo que se obtiene de eso.

1 Hebreos 9:27
2 Éxodo 20:5-6
3 Oseas 4:6
4 Evangelio de Juan 8:44
5 Evangelio de Juan 10:10
6 Evangelio de Lucas capítulo 4; Primera Epístola de Juan 3:8

Winter 2015

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