El alcohol y nuestros jóvenes

Él y Martha fueron novios durante la preparatoria y un día tuvieron una fuerte discusión. En el arrojo del momento los dos se dijeron muchas cosas. Enojado Héctor se subió al carro y decidió irse a tomar con sus amigos. Se tomó una cerveza y luego otra y otra. Sin haber comido todo el día y con el calorón que hacía se antojaban las cervezas pero también se le subieron rápidamente. Héctor sentía que era la manera ideal para olvidarse del pleito que tuvo con Martha. Lo que Héctor no sabía es que el coraje, el alcohol y la adrenalina fueron una combinación mortal.
Después de varias cervezas, le entró la valentía de ir a buscar a Martha y cuando no la encontró, los celos y el coraje lo cegaron. Iba conduciendo muy por arriba del límite de velocidad en una zona residencial cuando atropelló a dos jovencitas. Una de ellas era Martha, la otra su mejor amiga. Martha se salvó pero quedó paralizada de la cintura para abajo. Su mejor amiga no tuvo tanta suerte, ella murió en el fatal incidente. Héctor terminó encarcelado muchos años por la muerte de la jovencita. Su futuro y el de Martha quedaron arruinados y todo por tomarse unas chelitas. Desafortunadamente, esta es una historia real que se repite con demasiada frecuencia en Nuevo México.
Son espantosas las consecuencias que tiene el alcohol en un jóven y sorprendente el efecto que tiene en el desarrollo intelectual. Según la Asociación Médica Norteamericana, el cerebro pasa por cambios significativos durante la adolescencia y el alcohol puede dañar seriamente los procesos de crecimiento y desarrollo. Además, el alcohol debilita la memoria, el aprendizaje, la habilidad de tomar buenas decisiones y el control de impulsos. Un adolescente que consume alcohol también corre el riesgo de tener problemas sociales, legales, fallar en la escuela y no cumplir las metas para su futuro.
Otras investigaciones sobre el tema muestran que el cerebro recompenza las acciones positivas con sentimientos agradables. Ese sentimiento agradable es lo que hace que queramos repetir esa acción. La dopamina es el químico en nuestros cerebros que nos hace recordar el sentimiento agradable ya que es lo que conecta el sentimiento a la acción que disfrutamos. En este caso, el alcohol engaña al cerebro porque produce la recompenza (el sentimiento agradable) a cambio de algo sintético (el alcohol) en vez de producirlo a causa de una acción positiva. El cerebro de un adolescente produce dopamina en abundancia y el sentimiento puede cambiar rápidamente de: le gusta el alcohol, a: lo quiere, lo necesita y finalmente se vuelve adicto a él.
De igual manera es alarmante que anualmente ocuren aproximadamente 5,000 muertes de adolescentes como resultado del consumo de alcohol. Si a esta cifra le agregamos el número de jóvenes que resultan heridos de alguna manera u otra a causa del alcohol, el número se vuelve aún más alarmante. Estos números incluyen no sólo al adolecente que conduce bajo la influencia del alcohol, sino también a los compañeros que van en el coche y también, en ocasiones, a jóvenes inocentes. Anualmente, en Nuevo México se pierden 1,900 vidas de jóvenes en choques automovilísticos, 1,600 en homicidios, 300 en suicidios y un sin número de caídas, quemaduras y ahogados relacionados al consumo de alcohol.
El hecho de que los adolecentes estén influenciados por la cultura del alcohol, es una triste realidad. ¿Pero qué es realmente lo que empuja a los jóvenes optar por ingerir alcohol?, ¿Es acaso nuestra cultura, la mercadotecnia, la presión de grupo o simplemente gusto personal? Quizá es una combinación de todos esos elementos, pero lo que sí es seguro es que se necesita tomar medidas más rigurosas para hallar una respuesta a este grave problema.
Desgraciadamente, aun sabiendo las consecuencias y realidades en las que se pueden ver afectados los jóvenes, estos tienen muy fácil acceso a las bebidas alcohólicas. En una encuesta realizada en una preparatoria se les planteó a los alumnos la siguiente pregunta sobre el consumo de alcohol entre los adultos: “Los adultos beben: a) Sólo en ocasiones sociales, b) Nunca beben, c) Beben mucho”. La mayoría respondió: “c) Beben mucho”. En nuestra cultura es común oír a un padre decir: “¡Eh mijo…venga echese un trago de hombre a hombre aquí conmigo”! Si el hijo es mayor de 21 años esto no tiene nada de malo, pero debemos tomar conciencia y empezar a hacer cambios primeramente en casa para los adolescentes. Como padres, es increíble la influencia que tenemos sobre nuestros propios hijos y debemos usar eso a nuestro favor. Hay que comunicarles nuestra desaprobación sobre el consumo de alcohol y las razones por las cuales deben abstenerse.
También hay que conocer bien a nuestros hijos, saber en qué andan y con quién se juntan. Una investigación nacional reveló que el 31% de los jóvenes que dicen haber ingerido alcohol en el último año, tienen padres que no saben que toman bebidas alcohólicas. Las encuestas también indican que cuando se tiene una relación cercana y comunicación abierta con los hijos, hay más probabilidad de que estos sigan los consejos de los padres.
La adolescencia es un período frágil de metamorfosis entre la niñez y la madurez. Hay cambios psicológicos, corporales y sociales por los que pasa un jovencito al dejar de ser un niño. Estos cambios le exigen reestructurar su ritmo de vida mientras trata de cimentar su autoestima y fortalecer su personalidad, para encontrar su propio espacio en una sociedad tan compleja. Es una etapa delicada y decisiva ya que busca ser independiente y libre para tomar sus propias decisiones, pero aún es demasiado inmaduro para saber medir las consecuencias de sus acciones. El adolecente es moldeable, receptivo y muy abierto a la influencia de los modelos sociales. Es extremadamente vulnerable y como padres debemos estar muy atentos en este periodo en que los jóvenes comienzan a experimentar con
el alcohol.

Send a copy to your friends or family out of town! Receive 4 copies for only $12.95/yr!
Looking for a certain recipe, article or photo? We have an inventory of past issues available.