El mundo se va a acabar (lo digan o no los mayas)


Mientras usted lee estas palabras, alguien en algún lugar está fraguando un plan para el año 2012: ha decidido adquirir un nuevo automóvil y programar un viaje por el sur de Asia; ambas cosas financiadas con un crédito muy por encima de sus posibilidades de pago. Alguien más dejará de preocuparse por los alimentos que consume y se permitirá comer lo que quiera cuando quiera. Al fin y al cabo el mundo se terminará el 21 de diciembre del 2012 y esas acciones quedarán sin consecuencias: no llegará nunca el cobro del crédito para el primero y no padecerá problemas de obesidad el segundo; todo esto gracias a los mayas y a su calendario, que supuestamente vaticina esa fecha como la última del planeta. Pero, ¿es cierto esto?

Los mayas desarrollaron un sistema de medición del tiempo basándose en lo mismo que muchas otras culturas del mundo: en fenómenos meteorológicos y astronómicos. Desde hace miles de años, los seres humanos comenzaron a contar las veces que el sol salía, las veces que aparecía la luna llena, las veces que los árboles comenzaban a perder sus hojas y las veces que llegaban las temporadas de frío. Identificados los lapsos de estos eventos, solo bastó ordenarlos, nombrar los periodos y establecer relaciones entre ellos para que surgieran los calendarios. Así, en nuestro calendario —llamado “gregoriano” porque fue promovido por el papa Gregorio XIII— tenemos días (veces que sale el sol) que al sumar 365 forman un año (tiempo que tardan en repetirse las estaciones climáticas). Los calendarios son tan arbitrarios que resultan inexactos; incluyendo al gregoriano, que cada cuatro años debe agregar un día a su conteo para no desfasarse de los fenómenos astronómicos con los que intenta sincronizarse.

¿Será entonces que los mayas no calcularon correctamente el fin del tiempo y el pobre deudor terminará enjuiciado y el comedor compulsivo aumentará 170 libras de peso? La cultura maya fue muy sofisticada y sus avances científicos impresionan a los investigadores hoy día. En el auge de su civilización, los mayas utilizaban tres calendarios de manera simultánea. Uno de ellos era el de uso civil, con el que se registraban y organizaban las actividades cotidianas de los ciudadanos. Este calendario, llamado haab, constaba de ciclos de 365 días y era compartido por muchas de las civilizaciones mesoamericanas, incluída la azteca. De hecho, el haab era una adaptación maya del calendario azteca (mexica) que, como todos los calendarios, es un sistema de medición del tiempo y no un objeto concreto. La pieza arqueológica conocida popularmente como “el Calendario Azteca” es en realidad un monolito llamado la Piedra del Sol: una fascinante escultura que representa diferentes aspectos de la cosmogonía mexica, incluyendo el modo en que percibían el tiempo, entre otros temas variados. Pensemos de nueva cuenta en nuestro propio calendario y en cómo no existe un objeto específico al que pudiésemos llamar “el Calendario Gregoriano”.

El segundo de los calendarios mayas era el sagrado o tzolkin, con ciclos de 260 días y relacionado con la celebración de ritos. Finalmente, el último calendario de los mayas debe ser el más complejo y fascinante de los tres, y es el llamado —de manera muy sensata— “la cuenta larga”. Esta cuenta larga registra los días en un ciclo que pareciera interminable y que inicia su conteo ¡el 11 de agosto del año 3114 a. C. de nuestro calendario! Pero esta cuenta larga es solo eso: una cuenta muy larga que, como cualquier cuenta, tiene un final donde deja de contar. La cuenta larga de los mayas llega hasta el solsticio de invierno del 2012, es decir, al 21 de diciembre de ese año.

Ahora, suponer que el mundo se va a terminar el 21 de diciembre del 2012 porque es ahí donde se detiene la cuenta larga maya sería tanto como pensar que el tiempo inició el 11 de agosto del año 3114 a. C. Incluso sería dar por hecho que el mundo terminaría cada año el 31 de diciembre, porque es ahí donde termina nuestro calendario. Así que si usted estaba considerando comprar un nuevo automóvil y una expedición a Asia o comer como si —literalmente— no hubiera un mañana, mejor no lo haga; o cuando menos no basado en el calendario maya. El mundo se va a terminar, de eso no hay duda, solo que no sabemos cuándo. De cualquier modo, con nuestro precario o inexistente cuidado del planeta, lo más seguro es que el mundo no se acabe, sino que nos lo acabemos los humanos.


Winter 2012
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