Los americanos olvidados

No existen palabras para describir la emoción que se sintió en el momento en el que Kee Etsicitty entró en el cuarto. En el ambiente había una mezcla de sentimientos que llenaba la estancia donde estábamos. El respeto nos invadía a los presentes en cada paso que él daba. Mientras se acercaba, podía discernir un poco más su rostro; fue entonces cuando puede ver en él respeto, patriotismo y valentía. Kee sirvió en las fuerzas armadas en la Segunda Guerra Mundial. El respeto para cualquier veterano es inexplicable, pero el respeto experimentado para éste veterano de los Marines es sumamente especial. Que honor tan grade para nuestra ciudad, Las Cruces, el acoger a tan honorable personalidad.
Kee nació en 1924, en Two Wells, Nuevo México, dentro de una reservación de los Navajos – a 25 millas al sur de Gallup. Kee creció en momentos cruciales para su tribu, al igual que para cualquier otra tribu en los Estados Unidos. Desde finales del siglo XVIII, George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, contempló la idea de “civilizar” a los Nativos Americanos en preparación para la ciudadanía. Para finales del siglo XIX, internados escolares para los Nativos Americanos estaban establecidos; con el objetivo de asimilarlos – americanizarlos. La mayoría del tiempo estos internados eran dirigidos por misioneros cristianos. Para muchos indígenas la experiencia vivida en los internados fue traumática; se les prohibía hablar su lenguaje, se les enseñaba el cristianismo y se les negaba el derecho de practicar religiones indígenas. En otras palabras, eran forzados a abandonar su identidad como indígenas para adoptar identidades anglosajonas y poder formar parte de la sociedad Euroamericana.
Cuando Kee tenía sólo 6 años de edad fue tomado de su reservación y llevado a uno de estos internados para “civilizarlo”. Los niños eran llevados con o sin el consentimiento de sus padres. El gobierno había pasado leyes para promover la civilización. Kee, su tribu y otras tribus indígenas en los Estados Unidos no tenían la oportunidad de elección. Kee y sus hermanos vivían en el internado por 9 meses, lo que comprendía el ciclo escolar. Una vez que se cumplía el ciclo escolar, se subían atrás de una pick-up y los llevaban a un punto medio entre las reservaciones. En aquel entonces la mayoría de los caminos eran de terracería, Kee aún recuerda como el polvo le cubría la cara. Sus pestañas y cejas quedaban completamente blancas mientras que el sol quemaba su piel. La pick-up paraba en cualquier lugar y bajaba a todos los niños. De ahí ellos tenían que encontrar la manera de llegar a sus reservaciones. Kee aún puede sentir las ansias con las que caminaba esas 75 millas de regreso a casa, y aunque estaba agotado, lo hacía con gusto y emoción de volver con los suyos, de poder abrazar a sus padres y lo más importante, de poder ser quien realmente es, un Navajo. Al mismo tiempo que Kee había llegado a la preparatoria, había Marines haciendo frente a la Segunda Guerra Mundial. Uno de los retos más grandes durante el combate es poder mantener contacto con otros escuadrones de una manera segura. Ambos contrincantes, los americanos y los japoneses, buscaban códigos para comunicarse con sus tropas. Los americanos podían fácilmente descifrar los códigos usados por los japoneses. Se esperaba que los japoneses no pudieran descifrar los códigos americanos; pero claro, ellos también podían. El ejército americano había contemplado la idea de usar a los indígenas americanos para mandar mensajes durante el combate en la Primera Guerra Mundial. El proyecto no tuvo éxito por varias razones. Primero, existen un sin número de variaciones entre los lenguajes y dentro de los mismos. Segundo, no había suficientes términos militares en estos lenguajes. Y tercero, solamente unas cuantas personas que no eran indígenas sabían estos idiomas.
Philip Johnston, veterano de la Primera Guerra Mundial, se había criado dentro de una reservación de los Navajos puesto que su padre era misionero ahí. Johnston no sólo aprendió la cultura y tradiciones de los Navajos; sino hasta aprendió su idioma. Cuando Johnston escuchó de los planes del ejército de emplear lenguajes indígenas para desarrollar un código, pensó en el Navajo. En aquel tiempo el Navajo era una “lengua oculta” ya que el lenguaje era solamente hablado; no tenía ninguna forma escrita, sin alfabeto y sin símbolos. En febrero de 1942, Johnston y cinco Navajos, quienes vivían en el área de San Diego, se reunieron con algunas autoridades de las fuerzas armadas de los Marines en el campamento Elliott. Presentaron un lenguaje en códigos usando el Navajo, este lenguaje tenía un gran potencial de poder trasmitir mensajes en una manera efectiva y segura. La demostración fue todo un éxito y el reclutamiento de los Navajos comenzó llamándoles “habladores de código” o code talkers.
Cuando Kee estaba en la preparatoria unos vestidos “con traje de changos” – como ellos solían llamarles a los del Army – llegaron para reclutarlos a las fuerzas armadas. En Marzo de 1943 Kee decidió unirse a los Marines. Nos cuenta con una sonrisa la razón por la que optó ser un Marine, “¡Ellos nos prometieron tres comidas al día!” Equipado con el conocimiento y lenguaje adquirido del “hombre blanco” – quien lo recreó en el afán de asimilarlo en la cultura americana – Kee decidió defender su tierra y pelear hombro a hombro con sus ahora hermanos Marines. Asistió a la escuela para habladores de código en el campamento de Pendleton en California. Para Kee, esas 8 semanas de entrenamiento fueron el momento más importante en toda su vida, ahí aprendió disciplina. Kee sirvió en las batallas de New Caledonia, Guadalcanal, Bougainville, Guam, y finalmente la isla de Iwo Jima. Fue desertado con honores el 13 de diciembre de 1945.
Ahora, cuando Kee recuerda su contribución en la guerra siente un orgullo que puede reflejar en su semblante. Se siente sumamente orgulloso de muchas cosas; sus raíces, su idioma, su valentía y lo más importante, de las cosas que hizo para contribuir a la historia de este país.
Es admirable como un grupo tan pequeño de individuos pudo cambiar completamente el transcurso de la historia de este país. Y aún lo más admirable es que pudieron dejar rencores a un lado, para luchar como los guerreros que son. Un grupo tan pequeño, a comparación de los muchos que peleaban en la guerra, fue capaz de salvar a millones de personas, no sólo soldados americanos y japoneses pero también civiles. Sin la ayuda de ellos, los Estados Unidos no hubiera podido tomar Iwo Jima, y la guerra hubiera durado más tiempo, masacrando más vidas. Al fin de cuentas, lo que un día se les había prohibido – hablar su idioma – fue lo que ayudo a los Estados Unidos a ganar la guerra.
Al verme en los ojos de ese hombre, pude ver un pasado que nunca comprendí. Y más importante aún, pude conocer que la historia es mucho más que simple historia; son momentos conmemorables de la humanidad. Cuando conocemos la historia y la vemos escrita la entendemos; pero cuando conocemos la historia por medio de alguien que formo parte de ella, es entonces cuando la podemos sentir.

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